Turismo

Verano en disputa

Entre el parte optimista y las cuotas sin reintegro

En la Argentina de Javier Milei, la realidad suele venir en versiones. Una, la que se comunica. Otra, la que se financia. Daniel Scioli, secretario de Turismo y Ambiente, parece moverse con soltura entre ambas. Mientras por un lado celebra “niveles de ocupación casi plena”, estabilidad, previsibilidad y un “gran momento del turismo argentino”, por el otro lanza un programa de créditos en cuotas para evitar que la temporada se enfríe antes de tiempo. Si el verano está tan bien como dicen, la pregunta es obvia: ¿para qué endeudarse para vacacionar?

El parte oficial difundido tras la primera semana de enero tiene tono de gacetilla triunfal. Municipios colmados, consumo en alza, promociones del Banco Nación y de YPF que “generaron las condiciones” para que las familias salgan a la ruta, y un Estado presente —aunque el término no se use— con el Plan Verano Seguro desplegado junto al Ministerio de Seguridad. Scioli agradece, felicita, anuncia recorridas y se prepara para viajar a Madrid a vender al país como destino estable y seguro. Todo parece funcionar.

Sin embargo, casi en simultáneo, el mismo Scioli impulsa el “Viajá+”, un crédito de hasta cinco millones de pesos en 18 cuotas para gastar en turismo interno. No es un beneficio, es una deuda. No es universal, es para clientes del Banco Nación. No reactiva por reintegro, sino por obligación futura. Un Previaje sin viaje previo: primero el préstamo, después el descanso, más tarde las cuotas.

El entusiasmo oficial también choca con otros datos incómodos. Scioli dejó de financiar las mediciones del Indec cuando los números no acompañaban y celebró cambios metodológicos que mejoraron el relato sin mejorar necesariamente la realidad. En el sector turístico, lejos del optimismo de los comunicados, hablan de consumo planchado, estadías más cortas y gasto medido al centavo. Mucho movimiento, poca caja.

Así, el verano 2026 se cuenta en dos lenguajes. El de la épica libertaria reciclada, que habla de estabilidad y liderazgo presidencial. Y el de las cuotas, que reconoce —sin decirlo— que sin empujón no hay milagro. Entre la ocupación “casi plena” y el crédito en 18 pagos, el turismo argentino vuelve a ser lo que siempre fue: un termómetro sensible de la economía real, ese lugar donde el relato suele derretirse más rápido que el helado en la playa.