Gastronomía

Día del Sommelier: la mirada de la sommellerie argentina sobre la profesión y los cambios en el consumo de vino

Cada 3 de junio se celebra el Día Internacional del Sommelier, en homenaje a la fecha de creación de la Association de la Sommellerie Internationale (ASI) en 1969 en Reims, Francia.

En un país tan apasionado por el vino como Argentina, la profesión de los sommeliers, expertos en vinos que asesoran a clientes y comensales clientes en la selección de bebidas, no solo es clave en todo tipo de experiencias gastronómicas; los sommeliers son un eslabón importantísimo en la industria del vino, y contribuyen a expandir, mejorar y establecer el valor de los productos vinícolas de nuestro territorio.

Anticipándose a la fecha, los sommeliers de distintos restaurantes responden a una serie de preguntas relacionadas con su oficio.

FREDDY MORALES

Baja América

Freddy es el sommelier de Baja América, el restaurante de Núñez inspirado en las cocinas de Latinoamérica. El proyecto fue pensado y desarrollado por él junto con su amigo y socio Antonio Bautista, Chef Ejecutivo de Baja América. Esta talentosa dupla originaria de Veracruz, México, estuvo antes a la cabeza de otros restaurantes exitosos como Ullúa, Lupe y Aurelia. Freddy es un gran apasionado del vino y un entusiasta de la buena cocina, la coctelería y la cafetería de especialidad.

¿Qué tendencias ves hoy en el mundo del vino?

En este momento creo que el consumidor promedio está eligiendo vinos por su estilo; es decir, prefiere un vino suave, un vino ligero, un vino amaderado. Ya no busca tanto la variedad. Me parece algo muy lindo y bastante bueno. La comunicación se ha movido, todos los sommeliers tenemos Instagram y compartimos videos o hacemos historias hablando del vino que nos gustó. Entonces, la gente que nos sigue empieza a elegir sus vinos en base a estas sugerencias, y en lugar de pedirnos una criolla, un torrontés o hablarnos de regiones, nos pide un vino de tales expresiones, de tales características. Eso nos permite recomendar libremente un vino del sur, un vino del norte, un vino del este de Mendoza o inclusive un vino de Buenos Aires o de Córdoba.

¿Creés que el consumidor argentino cambió su forma de elegir vinos en los últimos años?

Me parece que sí, pero es algo que pasa muy seguido. En Argentina el consumidor promedio cambia constantemente, aunque en estos últimos 10 años he notado una constancia en ese cambio. Antes, cuando llegué al país, era sólo Malbec y Mendoza, Malbec y Mendoza. Después empezó a ser mucho más fuerte el nombre del Valle de Uco, más específico, y los productores comenzaron a dividir las regiones como para que la gente las tuviera más presentes. Luego llegó el crecimiento de los naranjos, de las criollas, etc. Siento que ahora la gente cambió su consumo también gracias a la comunicación que hemos hecho los sommeliers y a otros programas y periodistas que incentivaron el consumo del vino de una manera mucho más amable. Todo eso cambió la percepción del vino y ayudó a que este proceso se acelere muchísimo: actualmente el consumo y las tendencias cambian año a año, y la gente está acostumbrada.

¿Cuál es tu vino favorito y por qué?

Sinceramente, no tengo una etiqueta favorita, aunque tengo más consideración con algunos productores. Por ejemplo, todo lo que viene de Versacrum y la Cayetana me fascina. Son vinos de muy buen precio, de una calidad impresionante en todas sus líneas. Después también me encanta Pielihueso por todo el movimiento que hizo: vinos muy tradicionales pero innovadores, manteniendo la calidad y sin olvidar que es un vino y que tiene que saber rico. Si tengo que elegir una etiqueta, pero más que nada por nostalgia, tengo dos: el República del Malbec 2013 de Riccitelli, porque es uno de los primeros vinos de alta gama que probé al llegar a Argentina; y en particular los vinos de pequeñas producciones de Escorihuela Gascón, que también fueron de los primeros acercamientos que tuve a vinos de media-alta gama.

¿Qué significa ser sommelier en Baja América?

Para mí es poder combinar lo que hago con lo que hace Toño, mi socio. Todos los vinos que tengo están para matchear con la comida. Son vinos que pienso e investigo, intentando que todo combine con lo que hacemos aquí. Para mí es una búsqueda, pero también es un trabajo muy lindo en el que tengo que tomar mucho, probar mucho, comer mucho. A veces, cuando no tenemos tiempo de probar el plato con el vino, tengo que imaginar cómo son los sabores para poder armonizarlos en mi cabeza con una etiqueta que conozco. Es algo muy divertido y que me encanta hacer. Particularmente en Baja América, donde tenemos también un menú por pasos, es un desafío mucho más puntual. Necesito pulir cada vez más mi paladar para poder transmitirle al comensal por qué elegí una etiqueta. Acá cuando hacemos el maridaje no hablamos tanto de la bodega o de la región, sino que nos enfocamos en compartirle a la gente, al cliente, al comensal, qué es lo que puede esperar del vino.

ELENA CABRERA Y LEONEL CASTRO

Trescha

Elena y Leonel conforman, junto con Nicolás Dilger, encargado de maridajes sin alcohol, el equipo de sommeliers de Trescha. En poco más de dos años, el restaurante de Tomás Treschanski ha cosechado numerosos reconocimientos y premios entre los que se destacan los dos cuchillos de Best Chef Awards, el puesto 33 en la lista Latin America’s Best Restaurants, una estrella en la primera edición de la guía Michelin en Argentina, el premio Michelin Best Young Chef y una confirmación de la estrella Michelin en su segunda edición. Y en esta ceremonia, además, Elena y Leonel obtuvieron el premio Michelin Best Sommelier 2025, un grandísimo honor. Elena estudió en la Escuela Argentina de Vinos (EAV) y en CAVE; trabajó en bares y restaurantes como Don Julio y El Preferido antes de llegar a Trescha en 2023. Leonel, por su parte, ingresó al restaurante a fines de 2024 y se formó como Profesional Gastronómico en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG) antes de hacer la carrera de Sommelier. Trabajó en vinotecas, en El Preferido, en La Malbequería y en Uni Omakase.

¿Qué tendencias ven hoy en el mundo del vino?

El vino argentino está atravesando un momento de evolución y refinamiento. Se buscan vinos con un uso integrado de la madera −cuando la tienen−, y en los que no, se prioriza la expresión del lugar de origen. A esto se suma una propuesta gastronómica que permite maridar vinos blancos y opciones más ligeras. Incluso el malbec, cepa emblemática del país, se está reinterpretando con estilos menos pesados, pensados para ser disfrutados en cualquier momento del día. Esa, creemos, es la tendencia actual.

¿Creen que el consumidor argentino cambió su forma de elegir vinos en los últimos años?

Los consumidores más jóvenes en Argentina están más dispuestos a probar cosas nuevas, a explorar cepas menos conocidas. En cambio, los consumidores mayores tienden a mantenerse fieles al malbec o a los clásicos cortes bordeleses.

¿Cuáles son sus vinos favoritos y por qué?

Leonel: Yo me inclino más por los tintos, y elijo Bodega Bressia; creo que los vinos de Walter representan una parte de la historia del vino argentino, con estructura y una madera bien integrada. Si tengo que elegir uno, diría el Piel Negra, un pinot noir que está entre mis preferidos.

Elena: Mis vinos favoritos son varios, pero White Stones de Catena me encanta. Es un blanco que expresa muy bien su origen, está equilibrado, bien hecho, y envejece perfectamente. A nivel mundial puede competir sin problemas. En tintos, elijo Noemia Malbec por su balance y elegancia. Es un vino que con el paso del tiempo sigue impecable.

¿Qué significa ser sommelier en Trescha?

Significa aprender todos los días, conocer nuevos proyectos, estar en búsqueda constante, estudiar sobre comida, idiomas, culturas… Es un trabajo en equipo, una integración de saberes que nunca se detiene. En Trescha, el maridaje es algo que cuidamos mucho. Cada mínimo cambio en un plato puede alterar por completo la percepción del vino. Es un concepto grande que se construye día a día, y cada sector del restaurante aporta a esa visión. Requiere compromiso, precisión y trabajo colaborativo.

INÉS DE LOS SANTOS

Costa 7070/Cochinchina/Kōnā

Una de las bartenders más reconocidas del país y la región, Inés comenzó su carrera a los 21 años en Gran Bar Danzón, donde llegó a ser jefa de barra. Fue la encargada de la coctelería de Casa Cruz, restaurante en el que trabajaba junto a Germán Martitegui y Aldo Graziani. Entre muchos otros proyectos se cuentan Julep, un catering de coctelería para eventos, y el muy reconocido y premiado Cochinchina. Junto con Narda Lepes, abrió Kōnā en 2023, y en septiembre de 2024 inauguró su espacio más nuevo, Costa, junto con Pedro Bargero. A la vez, inauguró recientemente en Sao Paulo el Kochi Japanese Bar junto con el chef japonés Makoto Okuwa. Inés es una gran referente de la coctelería del país, y además es una talentosa sommelier con un exquisito talento para los maridajes.

¿Qué tendencias ves hoy en el mundo del vino?

El compromiso con los vinos naturales y poco intervenidos, por supuesto. Vinos que tienen menos paso por madera y más ligeros de alcohol.

¿Creés que el consumidor argentino cambió su forma de elegir vinos en los últimos años?

Sin dudas; creció la categoría naranjos, pet nat y rosados.

¿Cuál es tu vino favorito y por qué?

¡Imposible elegir uno solo! depende del momento y la compañía.

¿Qué significa ser sommelier en Costa?

La unión de la buena gastronomía y la noche. Tenemos alrededor de 130 vinos muy seleccionados para poder acompañar cada momento.

SOL TONY

Las Flores

Además de ser Head Sommelier de Las Flores, Sol es una reconocida comunicadora del vino argentino, cuyo estilo fresco, descontracturado y didáctico le valieron una gran audiencia en redes sociales de entusiastas del vino y la gastronomía, y un lugar en los medios como representante de las nuevas camadas de sommeliers del país. Se la puede ver todos los lunes en Damajuanas, el programa que conduce junto con Sofi Maglione en el canal de YouTube de Winexplorers.

¿Qué tendencias ves hoy en el mundo del vino?

Hoy el mundo del vino se abre a la diversidad: a lo convencional o clásico se suman vinos de baja intervención, naturales, y hay una vuelta a lo artesanal. Surgen proyectos en regiones no tan tradicionales como San Juan, Jujuy o Córdoba, y se valora cada vez más el compromiso con el ambiente. El consumidor busca probar, emocionarse y conectar. Ya no alcanza con decir “esto es bueno”; hay que conectar y empatizar.

¿Creés que el consumidor argentino cambió su forma de elegir vinos en los últimos años?

Creo que pasamos de un consumo medio automático a uno mucho más consciente. La gente ya no busca “el mejor vino”, busca su vino: el que le gusta, el que se adapta a su momento, a su paladar. Y eso es un cambio hermoso. Además, las redes sociales hoy dan acceso a un montón de información, recomendaciones y relatos que el consumidor después aplica. Lo que antes parecía exclusivo, hoy está al alcance de todos. Y comunicar eso, para mí, es clave.

¿Cuál es tu vino favorito y por qué?

Me cuesta elegir uno solo, soy muy infiel como sommelier. Sin embargo, tengo debilidad por los tintos ligeros, con acidez vibrante, o los blancos complejos, que te hacen pensar mientras los tomás. Depende del día, del clima, de con quién esté. Pero si tengo que elegir: una criolla tinta, siempre.

¿Qué significa ser sommelier en Las Flores?

Ser sommelier hoy va mucho más allá de recomendar vinos. Es ser un puente entre el vino y la gente. Comunicar sin complicar, invitar sin imponer. En mi caso, es traducir un mundo que a veces parece cerrado, y tratar de abrirlo con humor, sensibilidad y cero solemnidad. También es estar atenta a los cambios: a las nuevas formas de comunicar, a los nuevos públicos, a los nuevos tiempos. Porque el vino es cultura, pero sobre todo es disfrute. Y mi laburo es que llegue sin barreras.

ALFREDO MESA

Mengano

Alfredo se destaca como Sommelier en Mengano, uno de los dos restaurantes de Facundo Kelemen; allí arma cartas de vinos que destacan lo mejor del país y acompañan a la perfección los platos de Kelemen, que reformulan y revalorizan los sabores de los clásicos bodegones porteños. Se recibió en CAVE y trabajó, entre otros lugares, en Aldo ‘s, el restaurante y vinoteca de Aldo Graziani.

¿Qué tendencias ves hoy en el mundo del vino?

Para mí, el mundo del vino está girando alrededor de prácticas más orgánicas, más enfocadas en el cuidado del medio ambiente. Las bodegas −y el mundo del vino en general− buscan prácticas más sustentables, pero a la vez mantener la calidad de un buen vino.

¿Creés que el consumidor argentino cambió su forma de elegir vinos en los últimos años?

Mil veces sí. Ahora el consumidor se salió de los parámetros de buscar ciertos estilos o cepas en general. Hoy, sin importar la edad, busca probar cosas nuevas: nuevos productores, nuevos estilos. Creo que hace 10 años vender un vino naranjo o un pet-nat era imposible. El vino evolucionó.

¿Cuál es tu vino favorito y por qué?

Amo los blancos. Creo que a una carta de vinos le falta algo si no tiene un hermoso semillón. El Old Vines Semillón de Riccitelli es un vino argentino que amo. Lo tomás con lo que quieras: su complejidad y estilo son únicos. Del mundo, amo los riesling alemanes. Uno de mis mejores amigos es alemán y siempre trae alguno que me enamora.

¿Qué significa ser sommelier en Mengano?

El primer amor. Es ese lugar donde entrás y sos feliz; no vas a trabajar, vas a ser feliz.

No es Mengano, es mi Menganito… Y, lo más importante: significa crecimiento.

LUCAS ROTHSCHILD

Bordó

Reconocido sommelier, bartender y consultor gastronómico, Lucas es un referente del maridaje y un enorme entusiasta de los vinos nacionales que ha trabajado en proyectos prestigiosos como Los Galgos, 878, Cochinchina y Kōnā. Desde Bordó, el nuevo restaurante de Facundo Kelemen, diseña cartas en las que se lucen etiquetas de proyectos de diversos tamaños, estilos y orígenes.

¿Qué tendencias ves hoy en el mundo del vino?

Dividiría las tendencias en dos grandes grupos: por un lado, las tendencias reales, asociadas al consumo y la productividad comercial; por otro, las que responden al vino de nicho, al mundo del sommelier y del consumidor especializado. El vino que movemos los profesionales representa menos del 10% del consumo real en Argentina. Si nos enfocamos en el vino más masivo −no en un sentido peyorativo, sino en términos de volumen y alcance−, se percibe una tendencia clara hacia una menor extracción, menor uso de madera y una mayor frescura. La irrupción del vermut en el mercado cambió mucho el panorama, desestructuró ciertos hábitos de consumo, y el vino debió salir a competir no solo con la cerveza, sino también con gin tonics y cócteles listos para tomar. Esto ha llevado a una elaboración de vinos más comprensibles, más transparentes y accesibles para el público general, un poco en la línea del vino cotidiano, como lo fue el vino de damajuana. En cuanto al vino más fino o especializado, se observa un creciente interés por hablar de regiones y lugares específicos: zonas puntuales del Valle de Uco, cepas concretas, productores que enfocan su trabajo en el origen. La lupa se va afinando. También es notable la revalorización de variedades criollas y de regiones tradicionalmente asociadas al volumen, como el Este, donde hoy emergen proyectos que apuestan por la calidad y la identidad.

¿Creés que el consumidor argentino cambió su forma de elegir vinos en los últimos años?

Es una pregunta difícil de responder en términos generales, porque no hay un único consumidor argentino de vino: hay cientos de miles, con distintos bolsillos, gustos, experiencias y conocimientos. Cada uno evoluciona de forma no lineal. Incluso quienes tienen acceso a vinos de alta gama cambian sus preferencias según el momento. Lo que sí se puede afirmar es que el consumo se ha descontracturado mucho. El vino ha dejado de estar asociado exclusivamente con el ritual o la formalidad, y se ha vuelto más cotidiano, más humano. Estamos intentando reconstruir un camino hacia un consumo más diario, más simple, más genuino. Hoy, el vino argentino busca representar eso: frescura, transparencia, y conexión con el día a día de quienes lo consumen.

¿Cuál es tu vino favorito y por qué?

No tengo un vino favorito permanente; varía mucho según el momento. Hay vinos que amo y no puedo pagar, vinos que puedo pagar y amo, y vinos que agradezco no poder pagar todos los días, porque me aburrirían. Hoy por hoy, mi vino favorito es Sacha Natural de Sierra Lima Alfa, un corte de blancas del norte argentino que me está volando la cabeza. Sin embargo, mañana puede ser el gran corte de Pulenta, que me fascina cuando busco algo más clásico. Lo que sí puedo asegurar es que en mi casa siempre hay Vasco Viejo; me parece un vino trascendental para entender muchas dimensiones de la vitivinicultura local.

¿Qué significa ser sommelier en Bordó?

Bordó representa un enorme desafío para mí en términos de maridaje. La cocina de Facu Kelemen es amplia, profunda y compleja en el mejor sentido de la palabra. Cada plato tiene mucha técnica, mucho sabor y una elaboración muy detallada, lo que vuelve complejo −pero apasionante− pensar el vino adecuado para acompañarlo. En ese sentido, Bordó es una búsqueda constante del maridaje perfecto, un espacio para explorar la representatividad del vino argentino, pensar regiones, entender al consumidor y construir experiencias. Bordó es, para mí, el desafío de lograr armonía entre el vino, la gastronomía y la vivencia del comensal.

CAMILA TORTA

Azafrán

Como sommelier (WSET3) y comunicadora del vino, Cami Torta trabajó varios años en el grupo Anchoita y llegó a dirigir el equipo de su Cava, entre varios otros proyectos. Hoy vive en Mendoza, donde estudia a fondo el terroir argentino y se desempeña como Head Sommelier en Azafrán, el restaurante que dirige Sebastián Weigandt y que fue premiado con una estrella Michelin en las dos ediciones nacionales de la prestigiosa guía.

¿Qué tendencias ves hoy en el mundo del vino?

En Argentina la historia del vino es bastante reciente; se ha puesto el foco en los vinos de calidad hace no más de 30 años, y por ende las tendencias fueron cambiando bastante rápido, sobre todo si entendemos que estamos en una sociedad en la que el cambio es moneda corriente. Aun así, hay una propuesta actual por parte de las bodegas de ofrecer vinos más “fáciles de beber”, que se puedan abrir en situaciones diarias, con menos volumen de alcohol, con más frescura y de mayor acceso para todo público.

¿Creés que el consumidor argentino cambió su forma de elegir vinos en los últimos años?

Creo −y celebro− que el consumidor argentino ha dejado de ver el vino como una bebida de élite que “no podés tomar si no entendés” y se está animando más a probar vinos nuevos, a dejarse llevar por las recomendaciones y a buscar lo que le gusta personalmente dentro de sus posibilidades. En los últimos años la gastronomía se ha vuelto un lugar de disfrute y el vino se empezó también a tomar como algo placentero y no como un signo de estatus.

¿Cuál es tu vino favorito y por qué?

Esta es siempre una pregunta difícil porque los gustos propios van cambiando; aparecen etiquetas nuevas, bodegas nuevas y casarse con un solo vino no me parece una opción. Sin embargo, sí podría hablar de favoritismos con una cepa, región y/o productor. Particularmente los vinos blancos, sobre todo de sauvignon blanc, siempre me han gustado mucho (los sauvignon blanc de La Carrera en Valle de Uco, Tupungato, por ejemplo); y para los tintos soy una fiel defensora de nuestra uva insignia, el malbec. Me gustan los malbecs florales, como los que puede entregar Altamira (San Carlos, Valle de Uco), sin tanta presencia de barrica. Por supuesto que todo también depende del productor, ya que la filosofía y forma de pensar de quien los hace siempre influye un montón, pero aun así prefiero no dar nombres, jaja.

¿Qué significa ser sommelier en Azafrán? ¿Cuál creés que es tu aporte a la experiencia gastronómica en general?

Tener la posibilidad de liderar la parte de bebidas en un restaurante con estrella Michelin siempre me parecerá un privilegio. Azafrán es una ventana hacia el mundo para visibilizar algo de lo que sucede en Argentina, y que me den la libertad de elegir lo que quiero mostrar de nuestro país para la cantidad de turismo que recibimos es un gran regalo y a su vez una gran responsabilidad. Mi objetivo aquí es poder exponer la riqueza de nuestro país, que tiene viña de norte a sur y de este a oeste, sirviendo etiquetas de productores conocidos pero también dándoles la oportunidad a proyectos más pequeños que precisan de una comunicación responsable. Poder hacer esto, en conjunto con la gran propuesta de platos de Sebastián Weigandt, es para mí un regalo.