Argentina llega a FITUR 2026 entre la necesidad de sostener mercados y la ausencia de una política turística sostenida
La delegación argentina desembarca en Madrid con una fuerte presencia empresarial, en un contexto atravesado por la incertidumbre económica y la falta de una estrategia de largo plazo que consolide al turismo como política de Estado.
Argentina volverá a participar de FITUR 2026, la feria de turismo que cada enero reúne en Madrid a los principales actores del sector a nivel global. La presencia nacional, integrada por empresarios, representantes de destinos y funcionarios, se produce en un escenario marcado por la competencia internacional por divisas, la caída del turismo regional y una agenda doméstica que sigue sin otorgarle al turismo un lugar central.
FITUR funciona como una vidriera, pero también como un espacio de disputa. Allí se negocian acuerdos, se consolidan vínculos comerciales y se mide la capacidad de los países para sostener presencia en un mercado cada vez más exigente. Para Argentina, la feria aparece más como un intento por preservar mercados que como una verdadera plataforma de expansión.
Desde la Cámara Argentina de Turismo (CAT), su presidenta Laura Teruel destacó el rol institucional de la participación argentina. “La Cámara tendrá un lugar destacado dentro de la comitiva argentina en FITUR 2026. En mi primer año de gestión, representa un desafío importante y la continuidad de un trabajo institucional que necesita adaptarse al contexto actual”, señaló.
La delegación argentina estará integrada por representantes de 21 destinos turísticos y más de 100 empresarios y operadores, con una agenda que prevé más de 4.000 reuniones de negocios. El objetivo es atraer inversiones y sostener mercados emisores clave, aunque el impacto real de esos encuentros dependerá de factores estructurales que exceden la feria: conectividad aérea, costos internos y previsibilidad económica.
La propuesta nacional combinará destinos consolidados con productos emergentes, con foco en el turismo de naturaleza, cultural, gastronómico y de eventos. Segmentos con alto potencial, pero que requieren planificación, inversión y políticas públicas sostenidas para traducirse en desarrollo y empleo.
Según datos de IFEMA, la edición 2025 de FITUR reunió a más de 9.000 empresas expositoras, 152 países y alrededor de 250.000 visitantes, consolidándose como uno de los principales escenarios del turismo global.
Pero más allá de los números y la magnitud de la delegación, FITUR 2026 vuelve a mostrar el costado más conservador del turismo argentino: la misma foto repetida año tras año, el caretaje sociopolítico como postal obligada, los mismos apellidos empresariales ocupando los lugares de decisión y una dirigencia sectorial que se recicla a sí misma, turnándose las presidencias de las asociaciones como si se tratara de un patrimonio privado. Un ritual que se renueva en cada feria y que deja al descubierto una deuda persistente: la falta de renovación real, de apertura a nuevos actores y de una discusión profunda sobre el rumbo del sector. Mientras el mundo del turismo cambia, Argentina parece llegar a Madrid mirando más el álbum de recuerdos que el mapa del futuro.

