El restaurante que combina comida asiática con tradición e identidad en el corazón de Palermo
Fukuro Noodle Bar es un emprendimiento pionero en la gastronomía porteña. El proyecto, creado por Alejandro Osuna y Matías Camozzi, ofrece una propuesta centrada en el ramen con sello propio y una experiencia urbana que combina tradición asiática, técnicas modernas y producto local en un espacio íntimo y relajado.
Desde su apertura en 2013, este lugar rompe moldes en el corazón de Palermo. En un momento en que el ramen era todavía un secreto para muchos, el restaurante apostó por una propuesta disruptiva: una cocina con raíces asiáticas, reinterpretada desde una mirada contemporánea y con impronta local.

A eso se sumó un formato inusual en aquel entonces: en el local solo había barras, lo que generaba una experiencia íntima y urbana, emulando los tradicionales ramen shops de Japón y otras grandes metrópolis.
Con Alejandro Osuna al frente −chef y owner del proyecto−, Fukuro ofrece una cocina sincera de elaboración 100% artesanal, hecha con técnica, pasión y buenos productos.
El corazón de la carta es el ramen: caldos profundos de cocción prolongada, fideos alcalinos artesanales y toppings pensados para lograr equilibrio en cada bowl. A esto se suman baos, gyozas, fermentos caseros y bebidas propias que completan una propuesta que se define por el carácter, la calidad y la autenticidad.

Osuna, venezolano de nacimiento y economista de primera formación, cuenta con casi dos décadas de experiencia en la gastronomía. Estudió gastronomía entre Venezuela y Argentina, luego recorrió distintos países y en 2013 eligió Buenos Aires como base. Ese año, junto con Matías Camozzi −un politólogo argentino que quedó fascinado con el ramen en un viaje a Japón−, fundó Fukuro. El dúo apostó por una propuesta única que no busca replicar fórmulas sino reinterpretarlas desde una identidad propia.
Fukuro no pretende ser un rincón típicamente japonés en Buenos Aires, sino un espacio de encuentro entre culturas, sabores y estilos. El nombre −que significa “búho” en japonés− remite al pulso nocturno y urbano de las grandes ciudades, además de considerarse símbolo de la buena suerte. Esa misma energía se respira en su local de Palermo: cocina a la vista, ambientación cuidada, música envolvente y un salón de 62 cubiertos que propone una experiencia gastronómica con sello propio.

