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La crisis golpea las vacaciones de invierno: La Costa semivacía y colonias porteñas a media máquina

La llegada de las vacaciones de invierno encontró a una Argentina golpeada por una nueva caída del consumo masivo, aún más profunda que en los meses de mayo y junio. Balnearios cuyos hoteles no abren, butacas de teatros sin vender y restaurantes con pocos comensales son algunas de las postales de la primera semana del receso invernal. Turismo 12 consultó a trabajadores de los sectores de la hotelería, la cultura y las infancias, así como a varias familias, para entender cómo están enfrentando la crisis durante este periodo.

Una temporada vacía en la Costa Atlántica

En la ciudad costera de Santa Teresita, la situación es desoladora. «Es una de las vacaciones más tranquilas que hemos tenido», expresaron desde EME Propiedades. «No hay gente en los edificios, ni visitas ni gente caminando. Algunos negocios abrieron, pero están trabajando a medio turno». La inmobiliaria, que no se dedica al turismo invernal, informó que ninguna de sus propiedades con gas natural se ha alquilado y que de los 60 hoteles de Santa Teresita, solo tres o cuatro están abiertos. «No hay demanda. Estamos en una época crítica donde un viaje representa muchos gastos», indicaron.

En otras localidades de la Costa Atlántica, la situación es similar. Hoteles y restaurantes operan con una ocupación mínima, muy por debajo de lo esperado para esta época del año. Los comerciantes locales lamentan la falta de turistas y señalan que la situación económica general está afectando fuertemente al sector.

Bariloche resiste, pero con incertidumbre

En contraste, Bariloche, ciudad invernal por excelencia, no ha sentido tanto el impacto económico. «La calle está llena igual que todos los años», comentaron desde el Hostel Temiscira, que reportó una ocupación del 100% para este periodo, su momento de mayor actividad. Sin embargo, la preocupación se cierne sobre el mes de agosto, con muchas reservas aún sin confirmar. «Hoy la gente va viendo más día a día, suelen venir sin reserva y deciden a último momento», añadieron. La incertidumbre económica hace que muchos turistas esperen hasta el último minuto para tomar decisiones de viaje, lo que complica la planificación para los operadores turísticos.

La caída del consumo en el sector cultural

El sector de recreación y cultura también enfrenta una dura realidad. Según el informe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), el consumo en este sector mostró en mayo una caída del 42,6% interanual. Susana Romero, directora del centro cultural El Alambique en Villa Pueyrredón, describió la situación como «remando en dulce de leche». «Nos está viniendo muchísima luz y agua, y aunque no pagamos alquiler, la crisis nos afecta. Las funciones de teatro se están vendiendo a menos de la mitad de su capacidad y la gente no consume mucho en las mesas», explicó Romero.

En el barrio de Coghlan, Solange Perazzo, gestora de Haiku Multiespacio, reveló que les está yendo mejor este año tras adaptar su oferta. «Ofrecemos un espacio de juego durante la semana, manteniendo el mismo precio desde el inicio del año, y las funciones de teatro para infancias son a la gorra», comentó Perazzo, destacando la necesidad de creatividad para sostener su actividad en tiempos difíciles. La adaptación a nuevas formas de operar ha sido crucial para muchos centros culturales y espacios recreativos, que buscan atraer al público con propuestas más accesibles.

Las colonias de vacaciones y la difícil situación de las familias

La situación también es compleja para las colonias de vacaciones. Desde Buena Onda en Villa Urquiza, decidieron no abrir este invierno debido a los altos costos y la baja demanda. «Es mucha organización para 15 días y no se puede cobrar lo que realmente vale la actividad», afirmaron. Muchas colonias del barrio siguieron el mismo camino, mientras que otras que decidieron abrir no están teniendo buenos resultados. «Cuando la gente tiene que apretarse, empiezan por estas cosas», advirtieron.

Fiona Guerra, madre de tres niños en edad escolar, compartió las dificultades para gestionar el cuidado de sus hijos durante el receso escolar. «Ya no podemos mandarlos a todos la colonia, entonces tuvimos que repartir entre el cuidado de una niñera, los abuelos y otros padres de la escuela», relató. Además, señaló que este año no pudieron tomarse vacaciones para viajar. «Con el sueldo mío y de mi marido antes nos alcanzaba para irnos unos días a la costa. Ahora, quizá vamos un día del fin de semana al cine, pero sobre todo aprovechamos las actividades gratuitas», explicó Guerra.

Impacto económico general

Las estadísticas económicas refuerzan esta percepción. Según la consultora Scentia, el consumo masivo cayó un 12,5% interanual en junio, y en la primera mitad del año se acumuló un descenso del 8,5% respecto al mismo período de 2023. La Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) anunció que su Indicador de Consumo para mayo reflejó un retroceso del 7,7% en la comparación interanual. Estos números indican una contracción significativa en el poder adquisitivo de las familias, afectando directamente su capacidad para gastar en actividades recreativas y de turismo.

El panorama de las vacaciones de invierno en Argentina refleja una realidad económica que afecta tanto a las empresas del sector turístico y cultural como a las familias que deben ajustar sus presupuestos. Con una caída del consumo masivo del 12,5% interanual en junio y un descenso acumulado del 8,5% en la primera mitad del año, las perspectivas para lo que queda del invierno y el resto del año son inciertas. La crisis no solo se ve en los números, sino también en las calles semivacías y las actividades a medio gas que caracterizan esta temporada invernal.

En resumen, la crisis económica ha dejado un marcado impacto en las vacaciones de invierno en Argentina. Mientras que algunas áreas, como Bariloche, resisten con una ocupación turística adecuada, otras regiones, especialmente las balnearias, están experimentando una temporada inusualmente tranquila. La caída del consumo se ha extendido a todos los sectores, afectando tanto a los operadores turísticos como a las familias que buscan disfrutar de sus vacaciones con recursos cada vez más limitados.