La Guía Michelin desembarca en Argentina
La presentación oficial está pautada para el 26 de julio en el hotel Four Seasons y va a contar con la participación de Eliana Banchik, presidenta de Michelin para Argentina, Paraguay y Uruguay.
Durante abril y mayo, los críticos de Michelín realizaron la primera ronda de inspecciones y la segunda comenzó en julio y terminará en agosto. Se trata de la publicación anual que abarca una amplia variedad de establecimientos de comida, desde restaurantes de alta categoría y hoteles de lujo hasta negocios de comida premium, bistros e incluso puestos callejeros. Las estrellas no solo reconocen al lugar en sí, sino también los menús, el servicio y, por supuesto, el talento del chef y su equipo de cocina.
Los restaurantes calificados con una estrella son lugares donde vale la pena parar en el camino. Los de dos estrellas son lugares donde vale la pena desviarse del camino, mientras que las tres estrellas están reservados para lugares tan destacados que vale la pena hacer un viaje exclusivo para visitarlos.
Existe una cuarta categoría bautizada «Bib Gourmand» que hace referencia a restaurantes que se destacan por alguna cosa sin llegar a tener una estrella. Puede ser por su cocina, por su relación precio calidad y otras cuestiones.
El ministerio de Turismo que conduce Matías Lammens estuvo a cargo de las negociaciones, pero se excusaron de responder preguntas y mantuvieron un estricto hermetismo. Una de las condiciones que pone la firma francesa es el control del momento de los anuncios. La guía incluiría Buenos Aires, Mendoza y también, en teoría, Tierra del Fuego.
Los códigos de la publicación son muy estrictos: sus inspectores son completos desconocidos que pagan las cuentas en los restaurantes que reseñan y se hacen pasar por clientes comunes para evaluar la calidad de la comida, la atención recibida y el entorno. Incluso existe más de una evaluación a cada restaurante.
Eso los diferencia de otras publicaciones como los 50 best, que en los últimos años se vio envuelta en varias controversias. Es que mientras que los inspectores de Michelin son casi agentes secretos, los 50 best no tienen ninguna reglamentación en contra del lobby, aceptan comer gratis en restaurantes y no permiten que el ganador de una edición participe de otra.

