Turismo

El turismo y las estadías en picada: 8 meses de caída constante

El turismo en Argentina enfrenta una crisis prolongada, agudizada por las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el país registró en agosto una caída interanual del 11,8% en la cantidad de turistas que pernoctaron en hoteles, alcanzando apenas 1,4 millones de viajeros. Esta cifra, que coincide con la temporada invernal y el auge de los centros de esquí, es una señal clara de los efectos adversos que la actual gestión ha tenido sobre el turismo interno.

El informe también muestra una baja del 13,7% en las noches de alojamiento respecto al mismo mes del año anterior. La caída no discrimina: tanto los turistas locales, con un descenso del 15%, como los internacionales, con una baja del 9%, optaron por reducir sus estadías. Estas cifras reflejan un fenómeno inquietante en el marco de una economía cada vez más dolarizada y una inflación que golpea de lleno el poder adquisitivo de las familias.

El ajuste y la motosierra ¿el fin del turismo local?

La plataforma de Javier Milei se basó en la promesa de un ajuste profundo y una reducción drástica del gasto público, lo que incluyó la eliminación de subsidios y una desregulación de sectores clave. Sin embargo, las consecuencias de estas políticas empiezan a hacerse sentir de manera directa en áreas como el turismo, un sector vital para la economía nacional.

La caída del turismo interno no es casualidad. El aumento de precios, sumado a la constante devaluación del peso, ha encarecido significativamente los costos de vacacionar dentro del país. Lo que antes era una escapada accesible para los fines de semana largos, hoy se ha convertido en un lujo inaccesible para la mayoría de los argentinos. La falta de incentivos para promover el turismo interno ha llevado a una disminución alarmante en las reservas hoteleras y en el flujo de turistas nacionales, lo que afecta directamente a las economías regionales, que dependen del movimiento turístico para subsistir.

El impacto en la balanza turística: ¿Crisis o ajuste necesario?

En este contexto, dos consultoras privadas han advertido sobre un escenario devastador para el sector turístico. La Fundación Mediterránea señaló que el turismo emisivo, es decir, los viajes al exterior, demandó 3.900 millones de dólares en el primer semestre de 2024. Este fenómeno, impulsado por la brecha cambiaria y la búsqueda de precios más competitivos fuera del país, generó un saldo negativo de 1.400 millones de dólares en la balanza turística.

Las proyecciones no son alentadoras: se espera que la demanda de dólares por turismo emisivo alcance los 7.500 millones para fin de año, agravando aún más el déficit del sector. Este desbalance podría intensificarse, especialmente durante el próximo verano, cuando las familias argentinas opten por vacacionar en el exterior, alejándose de un turismo nacional cada vez más costoso y menos atractivo.

La Fundación Mediterránea advierte que la política de ajuste y la devaluación del 2% mensual prevista por el gobierno de Milei son factores que seguirán presionando negativamente sobre el turismo local. El documento firmado por los economistas Marcos Cohen Arazi y Vanessa Toselli prevé un futuro sombrío para las empresas hoteleras y para los pequeños emprendimientos turísticos, que luchan por sobrevivir en un mercado cada vez más asfixiado.

Un sector en alerta: el desafío de mantener el turismo interno

La Fundación Encuentro fue aún más contundente en su diagnóstico. En su último informe, advirtió que el crecimiento del turismo emisivo frente a la caída del receptivo —es decir, los turistas extranjeros que ingresan al país— está generando un déficit preocupante en la balanza comercial del sector. Este desbalance, acumulado durante los ocho meses de caída constante, anticipa una temporada de verano crítica, donde la industria turística nacional podría no resistir.

La Fundación Encuentro denunció que «hacer turismo en Argentina es caro», una situación que se ha profundizado durante la gestión de Milei. Entre enero y agosto de 2024, el país registró un déficit de 3.347 millones de dólares en la balanza turística. La falta de incentivos al consumo, el encarecimiento de los servicios turísticos y la falta de regulación de precios han dejado al sector en una situación de vulnerabilidad extrema.

«Sin políticas activas que promuevan el turismo interno, sin un alivio en las tarifas hoteleras y sin un control de la inflación, el futuro de la industria turística no es incierto, es devastador», advierte la Fundación Encuentro en su informe. Este escenario, lejos de ser una consecuencia natural de la economía global, es el resultado directo de las políticas de ajuste y desregulación que promueve el gobierno actual.

La tormenta que se avecina

Con el verano a la vuelta de la esquina, el panorama para el turismo en Argentina es alarmante. Los empresarios del sector enfrentan un futuro incierto, mientras que las familias argentinas se ven obligadas a replantear sus vacaciones en medio de una economía en crisis. Las políticas de ajuste impulsadas por Javier Milei no solo están afectando la capacidad de consumo de los argentinos, sino que también están erosionando uno de los sectores más dinámicos de la economía nacional.

El turismo, que durante años fue un motor de crecimiento y desarrollo para muchas provincias, hoy se encuentra paralizado, víctima de un modelo económico que prioriza el ajuste por sobre el bienestar de los ciudadanos. Sin medidas urgentes que reviertan esta situación, el futuro del turismo argentino —y de miles de trabajadores que dependen de él— está en grave peligro.