Gastronomía

Pepito, el Poema Gastronómico de Buenos Aires, Cumple 74 Años de Historia

En la esquina donde el tiempo se viste de nostalgia y los sabores son versos que se entrelazan, Pepito, el histórico bodegón porteño, celebra 74 años de emociones culinarias. Como un poema que se escribe con el humo de las brasas y se adorna con el aroma de las milanesas, este rincón en Montevideo, a pasos de la bulliciosa Corrientes, es más que un restaurante; es una oda a la tradición y la pasión gastronómica.

Sus paredes, testigos mudos de innumerables relatos, susurran historias de artistas, políticos y almas curiosas que han buscado refugio en sus mesas. Julio Chávez, Carmen Barbieri, Los Nocheros y Rodrigo, quienes dejaron la anécdota de las chicas que debían ser detenidas por los mozos para que el cantante pudiera disfrutar de su comida en paz, son solo algunos de los nombres que han danzado entre las mesas de Pepito.

En la era digital, @pepitobodegon se erige como el poema virtual que narra las delicias del bodegón. Su menú, una sinfonía de pastas, milanesas y carnes a las brasas, invita a comensales de todas partes del mundo a sumergirse en la auténtica experiencia argentina. El «Bife Malevo», como un verso destacado, seduce a los paladares extranjeros con su bife de chorizo, morrón a la parrilla, huevo frito, papas fritas y una provoleta dorada que celebra el arte de la parrilla.

Los mozos, guardianes de la tradición, se convierten en narradores de las historias que fluyen en el bodegón. Hernando Ochoa, mozo histórico, comparte: «Estamos recibiendo muchísimas personas, más que nada de países limítrofes como Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay y Perú. Vienen a conocer Argentina, nuestras costumbres, y sobre todo nuestra gastronomía». En un rincón tan cerca de la calle de los teatros, los mozos también despliegan su arte como guías turísticos, recomendando obras y espectáculos a los viajeros.

Pepito, un acorde de sabores que ha resistido más de cuatro décadas, se fusiona con la esencia de sus mozos que han dedicado gran parte de su vida al bodegón. Desde las carnes a las brasas hasta el pacú del Paraná, las rabas, las milanesas y el fusilli al fierrito con tuco y pesto, cada plato es una estrofa que resuena con la autenticidad de la cocina casera.

El chef Daniel Coceres revela el secreto de la evolución de Pepito: «Los nuevos dueños poco a poco fueron incorporando cosas nuevas a la carta. Su idea es mantener lo tradicional y sumar más opciones para la gente joven». Así, Pepito, bodegón a las brasas desde 1950, continúa su danza gastronómica en Montevideo 383, donde cada plato es un verso y cada comensal, un poeta que celebra la historia culinaria de Buenos Aires.

Abierto de 12 a 1 am, Pepito sigue siendo la melodía que acoge a los amantes de la buena comida y la poesía de la tradición.